Audio poesía ÚLTIMA RIMA de Juana Borrero
En «Última rima», Juana Borrero elabora una conmovedora plegaria poética que rechaza el amor terrenal y carnal en favor de una trascendencia espiritual. Escrito con una cadencia melancólica y una estética romántico-modernista, el poema opone la pasión física —asociada al desgaste y al hastío— a un anhelo purificado y celeste. Borrero transforma el beso, símbolo habitual de deseo sensual, en un acto de devoción casi mística capaz de dejar un «tenue perfume de nardo en el alma». Es una obra breve pero impregnada de un lirismo trágico y maduro, imprescindible para entender la sensibilidad del fin de siglo hispanoamericano.
Descripción
El rechazo de la carne y la sublimación del deseo
La voz poética de Juana Borrero en «Última rima» se posiciona con firmeza en contra de la voluptuosidad victoriana o el erotismo exacerbado de su época. Desde la primera estrofa, el sujeto lírico establece una clara distinción entre el amor terrenal —aquel que deprime, quema y causa «hastío»— y un afecto superior. La autora no busca el placer «que enerva» o «las sombras sensuales que besan y manchan», sino una experiencia despojada de corporalidad: un amor «sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias». La pasión física es percibida no como plenitud, sino como una profanación de la pureza interior.
Imaginario romántico-modernista y lirismo trágico
Ubicada en la transición entre el Romanticismo tardío y el Decadentismo/Modernismo, la obra destaca por su atmósfera sombría y elegíaca. La nocturnidad («mis lúgubres noches», «penas y lágrimas») sirve de marco para la idealización del «novio soñado», una figura casi inalcanzable. El poema alcanza su clímax simbólico en el último verso, donde la impronta del amor no deja marcas físicas, sino metafísicas: una «estrella en los labios» y un «tenue perfume de nardo en el alma». Las imágenes sensoriales están al servicio del espíritu, elevando la composición a una especie de oración mística.
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Última rima de Juana Borrero
Yo he soñado en mis lúgubres noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas
con un beso de amor imposible,
sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.
Yo no quiero el deleite que enerva,
el deleite jadeante que abrasa,
y me causan hastío infinito
los labios sensuales que besan y manchan.
¡Oh, mi amado! ¡mi amado imposible!,
mi novio soñado de dulce mirada,
cuando tú con tus labios me beses
bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias.
Dame el beso soñado en mis noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
que me deje una estrella en los labios
y un tenue perfume de nardo en el alma!

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