Audio relato ÓRESTES Y PÍLADES de Bolesław Prus

Órestes y Pílades, del autor polaco Bolesław Prus, es una aguda sátira minimalista sobre las apariencias y las falsas virtudes. A través de una estructura dividida en dos actos —el mito de una amistad desinteresada y el giro final—, Prus ironiza sobre la devoción incondicional de dos hombres dispuesta a superar duelos y enredos amorosos. Sin embargo, el desenlace revela de forma cómica que su impecable sinergia no provenía de un afecto noble, sino de una sociedad criminal perfecta. Una joya breve del realismo polaco que desmonta la idealización social con perspicacia y humor negro.

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Descripción

En Órestes y Pílades, Bolesław Prus apela a la resonancia del mito griego —la legendaria e inquebrantable amistad entre el hijo de Agamenón y su leal compañero— para trasladarlo a un entorno urbano contemporáneo y burgués. El narrador, fascinado por la abnegación que presencian sus ojos, actúa como el espectador ingenuo ante una serie de gestos que bordean la devoción absoluta: dos hombres que comparten billetera y cigarrillos, que están dispuestos a llegar al duelo por defender el honor del otro y que, en un clímax cómico durante el carnaval, prefieren renunciar a una cita amorosa compartida con tal de no traicionarse.

El arte de la ironía y la narrativa del engaño

La maestría de Prus radica en la construcción del tono. Durante la mayor parte del micro-relato, el lector es guiado de la mano de un narrador inocente que romantiza la lealtad de los protagonistas hasta el punto de la cursilería (llegando a besar a cada uno de ellos emocionado). Cada anécdota está calculada para elevar el pedestal moral de los amigos: la generosidad de ceder el único traje, la renuncia mutua a la Sra. Zofia y la firme resolución de quedarse en casa juntos antes que competir.

Sin embargo, esta fachada de altruismo victoriano se derrumba en la última oración del texto con una efectividad cómica impecable.

La verdad tras el mito: complicidad antes que virtud

El desenlace revela que Órestes y Pílades no están unidos por la nobleza de alma, sino por la complementariedad técnica de su oficio delictivo: la falsificación de billetes o sellos. Uno es hábil raspando ciertas letras del rublo ($K, O, P$) y el otro es un maestro calígrafo trazando las restantes ($R, U, B$).

La brillantez de la sátira de Prus descansa en esta revelación:

  1. La simetría del delito: Su «armonía perfecta» no era fruto del afecto desinteresado, sino de una división del trabajo criminal donde ninguno podía operar sin el otro.

  2. La crítica a la ingenuidad social: El relato expone cómo la sociedad tiende a romantizar las apariencias sin cuestionar el origen de las conductas.

  3. El humor negro como crítica: Prus no moraliza; utiliza la sorpresa para dejar al descubierto la hipocresía humana y la ligereza con la que se otorgan los títulos de «virtud» y «heroísmo».

En definitiva, Órestes y Pílades es un ejercicio literario brillante de concisión y ritmo, donde Prus desmantela los grandes mitos clásicos con una sola pincelada de realidad cotidiana.

Leer relato

ÓRESTES Y PÍLADES

Un relato de Bolesław Prus

Los conocí en un restaurante, y bastaron unas pocas palabras para que enseguida sintiera simpatía por ellos. Resulta que, después de cenar, cuando Órestes le preguntó a Pílades: «Mi querido amigo, ¿dónde están los cigarrillos?», este se los ofreció de su propia cigarrera. Un momento después, Pílades le dijo a Órestes: «¿Tú trajiste la cartera?». «Sí», respondió Órestes. «Bueno, pues paga —concluyó Pílades— y vámonos a casa».

Las personas que comparten los cigarrillos y el monedero merecen atención. Al principio pensé que eran unos hermanos muy unidos, pero me aclararon que solo eran buenos conocidos.

—Muy buenos conocidos —añadí para mis adentros, y les hice una visita.

En el camino, un amigo común de ambos me contó que en cierta ocasión, cuando alguien se refirió de forma maliciosa a los ingresos de Órestes, Pílades lo desafió a un duelo. Por suerte, Órestes, al enterarse de lo sucedido, encaró al difamador y le advirtió que lo mataría si a Pílades le tocaban tan solo un cabello.

Ante esto, el difamador se retractó y pidió disculpas a ambos amigos.

Tras entablar relación con personas tan excepcionales, iba descubriendo en ellas cada vez más pruebas de su mutuo afecto. Esto es lo que ocurrió el pasado carnaval.

Estaba yo en casa de Órestes a la hora en que se preparaba para una cita en un baile de máscaras. Apenas había mandado traer la ropa interior y el traje de gala cuando entró Pílades.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Órestes al notar un tono inusual en el rostro de su amigo.

—Tengo una cita en el baile de máscaras —respondió el interrogado—, pero… en fin… es que no me han traído el frac…

—Pues llévate el mío… —exclamó Órestes.

—Sí, pero es que además la lavandera no me ha entregado la camisa.

—La mía la acabo de comprar, que te sirva a ti —añadió Órestes, palideciendo un poco.

—¿Y a ti qué te pasa?… —preguntó Pílades preocupado, mirándolo a los ojos.

Órestes guardó silencio; pero yo intervine:

—Él también tiene una cita en el baile de máscaras.

—¡Ay, hermano! —exclamó Pílades, abrazando a su amigo—. ¿Y tú crees que en semejantes condiciones voy a tomar tu frac y tu camisa?…

Y viendo que Órestes no cambiaba de intención, añadió con seriedad:

—Si no quieres que rompa nuestra amistad, vístete y ve…

Órestes empezó a vestirse y, riendo, dijo:

—¡La Sra. Zofia tiene suerte, vaya que sí!… Y yo que estaba a punto de no acudir hoy a nuestra cita.

—¿La Sra. Zofia?… —gritó Pílades.

Órestes se quedó petrificado como una estatua y, clavándole la mirada, preguntó:

—¿Así que eras tú quien se iba a ver hoy con ella?…

—Pues… ¡sí! —respondió Pílades con un tono de noble resignación.

—Entonces… yo me quedo en casa —dijo Órestes con firmeza.

—No, nos quedaremos los dos —replicó Pílades.

Durante un instante se midieron con la mirada, pero al final se estrecharon las manos y ambos se quedaron.

No pude contener la emoción y besé a cada uno por turno. Su amistad había superado la prueba más dura.

Hoy… están los dos en prisión, acusados de falsificar sellos. Órestes tenía un talento excepcional para raspar de forma imperceptible las letras: K, O, P; mientras que Pílades trazaba con una maestría incomparable las letras: R, U, B.

FIN

FIN

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