Audio relato LA VENGANZA DE LA MEDIA ANCHOA
Con una prosa ágil, precisa y marcadamente irónica, este micro-relato de Nemesio Olazar transforma una simple lata de conserva en un escenario de existencialismo y venganza. La historia destaca por personificar con gran acierto el despecho de una media anchoa cuya furia choca contra la indiferencia del destino. Un cuento breve, ácido y efectivo que combina el humor cotidiano con una lección sobre la inutilidad del rencor.
Descripción
El relato nos introduce, desde sus primeras líneas, en una atmósfera asfixiante e insólita: el interior de una lata de conservas. A través de una personificación astuta y cargada de humor negro, el autor convierte un elemento cotidiano en un espacio de resistencia existencial donde una media anchoa protesta contra su fatídico destino final.
El punto fuerte del texto radica en la construcción del tono. El contraste entre el drama visceral del personaje —que describe su envase como un «ataúd de metal»— y la pasividad del resto de los ingredientes genera una dinamámica narrativa sumamente eficaz. La voz de la protagonista es potente, colérica y llena de desparpajo, lo que consigue que el lector empatice de inmediato con su absurda rebelión.
A nivel de ritmo, la transición entre la indignación dentro de la lata y el desenlace en la mesa está perfectamente calibrada. El momento de tensión en el que el comensal parece sucumbir al ahogamiento funciona como un clímax trágico muy bien resuelto, que se desmonta en cuestión de segundos con un simple trago de vino. Es ahí donde el relato adquiere su verdadera dimensión simbólica.
El cierre, coronado por una moraleja directa y mordaz, remata la narración recordando que la ira a menudo solo destruye a quien la siente, dejando indemne a su objetivo. En definitiva, se trata de una pequeña pieza narrativa impecable en su brevedad: fresca, amarga y con un agudo sentido de la ironía.
Leer relato
Érase una vez, en el oscuro interior de una lata de conserva, media anchoa que no dejaba de maldecir su suerte:
—¡Puta vida! Soy solo medio cuerpo viajando a tu mesa en un ataúd de metal, aplastada junto a otros tres cadáveres. ¡Y dicen que el siete es el número de la buena suerte! ¡Así se atragante quien me coma!
Las otras tres anchoas, abiertas como libros y sumisas, la escuchaban en silencio, resignadas a su trágico y salado destino.
Al abrirse la lata, una mano ansiosa tomó a la media anchoa con el tenedor y la engulló sin dudar. De pronto, el comensal empezó a toser y a llevarse las manos al cuello, ahogado por la prisa. La media anchoa creyó haber consumado su venganza; sin embargo, un trago rápido de vino resolvió el apuro y el hombre continuó disfrutando de la cena como si nada hubiera pasado.
Moraleja: El rencor consume a quien lo lleva dentro, pero rara vez arruina el banquete de quien te quiere comer.
FIN

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